La tomadura de pelo del nuevo portal de la vivienda del Gobierno: Casa 47

Política de Vivienda

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La vivienda en España: de la crisis de los desahucios a la nueva emergencia habitacional

Por L. Domenech

Aunque el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas políticos de los últimos años, no es algo nuevo. La crisis de 2008, enlazada con la del euro en 2010 y los rescates en Europa a partir de 2012, también también afectaron a adquisición de la vivienda en España, donde el endeudamiento hipotecario se multiplicó por doce entre 1994 y 2007, y como consecuencia de ello se llegarían a registrar más de 500 desahucios diarios en el peor momento de la crisis debido a que el crédito hipotecario de los hogares españoles se multiplicó por doce, alimentando una espiral de compra de vivienda basada en precios crecientes y en una elevada exposición al endeudamiento. Cuando la burbuja inmobiliaria estalló, miles de familias descubrieron que podían perder su hogar incluso después de haber invertido durante años en él.

En la actualidad, el núcleo del problema de la vivienda se ha alejado del ámbito hipotecario y se ha trasladado a otras coordenadas como los precios del alquiler, que entre 2013 y 2023, en España han crecido un 33%. 

Como consecuencia, los datos sobre la emancipación tardía, la precariedad juvenil, la pobreza habitacional, o los bajos salarios que ya estaban a la orden del día hace tres lustros continuaron creciendo, mientras que la especulación con el suelo y la vivienda y la falta de políticas públicas, han propiciado que a partir de 2014 los precios de la vivienda, tanto de alquiler como de compra, volvieran a iniciar un aumento que se ha desligado cada vez más de los salarios de la población.

Entre tanto, la política la política en general, parece que le está dando la espalda a este acuciante problema, bien porque no sabe como solucionarlo, o porque no quiere hacerlo. Como ejemplo podemos citar lo que los socialistas proponen, creando el portal inmobiliario público del gobierno: el portal Casa 47, disponible para alquilar la vivienda más barata, pero..., si estás en paro, si trabajas a media jornada o si tienes una pensión baja, ni siquiera puedes solicitarla.

Para acceder a las viviendas más caras, de más de 1.000 €, necesitarás ganar unos 3.500 € al mes,  es decir que  Casa 47 te estará pidiendo más garantías de renta que los propietarios de vivienda a los que el propio gobierno llama especuladores por mucho menos.

Pero..., otro pero. Pueda que la persona cumpla con todos los requisitos, pero aún no pueda acceder a la vivienda. Antes tiene que participar en un sorteo, y tiene que tener la suerte de que le toque el premio.
Entonces si podrá acceder a una de las 816 viviendas disponibles, una cifra absolutamente insuficiente para un país que necesita cientos de miles. Mas de 800.000 para ser exactos.

Esta es la solución que nos da el PSOE y sus socios  para resolver el problema de la vivienda, creando un portal para repartir la escasez: Casa 47.

Pero nos acercamos a un año electoral excepcional, pues en 2027 se convocarán elecciones municipales autonómica y generales, que pueden dar un vuelco a la situación política actual, que nos lleve de un gobierno de coalición de partidos de izquierda e independentistas, a otro de coalición mas probable del PP y VOX, y dos son los problemas que son acuciantes para la ciudadanía y que pueden propiciar este cambio: el problema de Ceuta y Melilla, y el problema de la vivienda que pasó de ser el principal motor económico del crecimiento de este país, a convertirse en un instrumento de endeudamiento masivo de las familias que no pueden hacer frente a los pagos de sus hipotecas y se enfrentan al desahucio.

Ambos vuelven a estar en el centro de la preocupación ciudadana, y ambos se vienen arrastrando desde hace lustros, pero la emergencia habitacional que vive España no nació ayer. Es el resultado de una historia de decisiones políticas, desequilibrios económicos y un modelo residencial que apenas modificó sus pilares fundamentales en los últimos 50 años.

Entre 1994 y 2007, el crédito hipotecario de los hogares españoles se multiplicó por doce, alimentando una espiral de compra de vivienda basada en precios crecientes y en una elevada exposición al endeudamiento. Cuando la burbuja inmobiliaria estalló, miles de familias descubrieron que podían perder su hogar incluso después de haber invertido durante años en él.

Pero la amenaza ya no se concentra únicamente en la hipoteca, sino en la imposibilidad creciente de acceder a una vivienda a precios asumibles. El alquiler se ha convertido en el nuevo frente de la emergencia: entre 2013 y 2023, los precios de los arrendamientos aumentaron aproximadamente un 33%, mientras que los ingresos de muchos hogares no han evolucionado al mismo ritmo. La causa hay que buscarla en la gentrificación de las ciudades y en la compra de miles de viviendas de renta antígua y de otras por los fondos buitre especuladores.

El resultado es una paradoja cada vez más visible: España tiene más empleo que durante la crisis financiera, pero miles de trabajadores, especialmente jóvenes, siguen encontrando enormes dificultades para independizarse al no poder acceder a una vivienda, bien sea mediante la compra o mediante el alquiler. La vivienda, que debería representar un elemento básico de seguridad y estabilidad, se ha convertido para muchos en una fuente permanente de incertidumbre, que cierra toda posibilidad de cumplir un proyecto vital que debería de iniciarse por la formación de una familia. Sin casa, no hay familia posible.

Los datos sobre emancipación tardía, precariedad juvenil y pobreza habitacional, no son fenómenos nuevos, pues ya estaban presentes hace más de una década y fueron advertidos durante los años posteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria. También entonces se señalaban problemas que siguen formando parte del debate actual: la escasez de vivienda pública, la insuficiente protección del alquiler asequible, la especulación en determinadas zonas y la dependencia excesiva de la vivienda en propiedad como principal forma de ahorro familiar.

Desde 2014, el mercado inmobiliario volvió a recuperar una senda ascendente. Los precios de compra y alquiler comenzaron una nueva escalada que, con especial intensidad en grandes ciudades y zonas turísticas debido a la gentrificación, ha provocado una creciente separación entre el coste de la vivienda y los salarios. Para una parte importante de la población, trabajar ya no garantiza poder acceder a un hogar.

El problema de fondo es que, tras la mayor crisis inmobiliaria de la democracia española, el modelo residencial apenas cambió. La vivienda pública continúa teniendo un peso reducido en comparación con otros países europeos, la construcción de vivienda asequible no ha cubierto la demanda existente porque no es tan asequible como la propaganda afirma, y la presión sobre los mercados urbanos ha aumentado con nuevos fenómenos como la expansión del alquiler turístico o la llegada de especuladores inversores a determinadas áreas.

Quince años después del colapso inmobiliario, España se enfrenta a una nueva crisis de vivienda con protagonistas distintos, pero con algunas causas similares. Antes fueron las hipotecas imposibles y los desahucios; ahora son los alquileres inalcanzables, la imposibilidad de emanciparse y la sensación de que acceder a una vivienda digna se ha convertido en un privilegio más que en un derecho efectivo.

La vivienda vuelve así al centro del debate nacional no solo como un problema económico, sino como una cuestión social que afecta al futuro de una generación entera. La pregunta ya no es únicamente cuánto cuesta una casa, sino qué consecuencias tiene para una sociedad que cada vez más ciudadanos no pueden construir su proyecto de vida alrededor de un hogar estable.

Al final del camino, aparecerán nuevos problemas en los que hoy ni pensamos. El crecimiento de las ciudades se detendrá. La desigualdad y la pobreza aumentará lo que traerá otro tipo de problemas, y este es uno de los pocos asuntos que las nuevas tecnologías no podrán solucionar. O los ciudadanos le encontramos la solución con nuestro voto (que es la única herramienta que tenemos), o el problema acabará con nosotros.

 El autor de la idea de proponer Casa 47 como solución del problema de la vivienda, mas vale que se dedique a cargar la cafetera de un bar, pues su imaginario no da para mas.




 

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