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Europa Primero

Imagen generada con Gemini

Por Luis Domenech

Europa está siendo empujada a la vez hacia más autonomía estratégica y más fragmentación interna por la pugna EEUU‑China‑Rusia, el giro unilateralista de Washington y las medidas del segundo mandato de la Administración de Donald Trump, aunque según Miguel Otero (Instituto Elcano) “no hay administración. Estamos hablando de un gobierno que está dirigido por Trump y un grupo muy reducido de personas y su conexión con el aparato del Estado es muy limitada. Esto hace que muy poca gente sepa realmente si hay una estrategia clara en la Casa Blanca en relación con China, Europa, Rusia y muchos otros grandes asuntos de las relaciones internacionales", y esto es así hasta tal punto que los políticos europeos lo primero que hacen cada día es revisar el perfil de Trump en Truth Social para intentar entender por dónde van los tiros. 

La rivalidad estructural EEUU‑China se ha convertido en el marco central de la política internacional, y Europa ha pasado de un entorno cooperativo a uno de competencia entre grandes potencias en el que Europa es el bocado a engullir. Por otro lado, la guerra de Ucrania, la dependencia energética y las disrupciones de cadenas de suministro han roto la idea de “globalización benigna” y obligan a la UE a pensar en su seguridad, en su industria y tecnología en términos de poder.

Washington (bajo varias administraciones) recurre cada vez más a medidas unilaterales: aranceles, sanciones extraterritoriales, controles de exportación de chips y tecnologías críticas, muchas veces sin coordinación real con Bruselas. Esto deja a Europa atrapada entre su dependencia de EEUU en seguridad y su vulnerabilidad económica frente a decisiones que afectan directamente a empresas europeas (por ejemplo, controles de IA y semiconductores sobre filiales europeas).

Ejemplo: los controles unilaterales de exportación de chips avanzados a China han mostrado hasta qué punto una decisión de Washington puede alterar sectores clave de la industria europea sin que la UE tenga voz equivalente.

En su segundo mandato, Trump abandona abiertamente el multilateralismo clásico y refuerza un “America First” más disciplinado, apoyado en leales y documentos tipo Project 2025, con una visión muy crítica hacia la UE como proyecto supranacional. Documentos y discursos oficiales describen a la UE y a otros organismos como estructuras que erosionan la soberanía nacional y la identidad, alentando la cooperación con fuerzas euroescépticas dentro de los Estados miembros, y en este contexto un buen día decide que Groenlandia tiene que pasar a ser territorio norteamericano, "bien sea por las buenas o por las malas". 

  • Presión extrema en defensa: en la cumbre de La Haya de 2025 todos los aliados se comprometen a elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB para 2035, bajo fuerte presión estadounidense; para Europa implica rearmarse deprisa o quedar señalada como “free rider”. 
  • Política comercial agresiva: con el aumento y la amenaza de nuevos aranceles, así como con el uso expansivo de sanciones y de controles tecnológicos, se refuerza la lógica de “armas geoeconómicas”, con costes para exportadores europeos y mayor incertidumbre para la inversión.
  • Volatilidad respecto a China y Rusia: Trump combina fases de escalada arancelaria con gestos hacia Pekín, y endurece el tono sobre la financiación de Ucrania, lo que alimenta dudas europeas sobre la fiabilidad estadounidense a medio plazo.
  • El debate sobre autonomía estratégica se ha acelerado: se promueven la defensa europea (PESCO, Fondo Europeo de Defensa, “Brújula Estratégica”), la agenda de seguridad económica, el control de inversiones y la reducción de dependencias en tecnología, energía y materias críticas. 

    • Varios informes y think tanks coinciden en que crece el apoyo político a reducir la dependencia de potencias externas (EEUU y China) en seguridad, economía y tecnología, aunque a ritmos distintos según países. 
    • Time, Elcano, IRSEM y otros análisis subrayan un patrón común: más desconfianza hacia la fiabilidad de EEUU, una relación con China más selectiva y defensiva, y un giro decidido hacia reforzar capacidades propias europeas.
El clima de confrontación global favorece a fuerzas políticas europeas que se alinean ideológicamente con Trump (soberanistas, anti‑UE), lo que refuerza la polarización en varios Estados miembros y complica la toma de decisiones a Veintisiete. En conjunto, la lucha por el liderazgo global y el unilateralismo –agudizados por la presidencia de Trump– están forzando a Europa a elegir entre seguir como poder “civil” dependiente o convertirse en actor geopolítico pleno, con más gasto militar, más intervención económica y más tensión política interna.
 
Pero hay una tercera posibilidad, y es la de recuperar la idea de una Unión Eurpea que se extienda desde los Urales hasta el Atlántico, que aunque solo sería posible como proyecto a muy largo plazo, y a pesar de que hoy no se dan las condiciones necesarias hoy inexistentes, es recuperar un proyecto que ya tuvo precursores: la idea viene de Charles De Gaulle, que ya imaginaba una Europa que se extendiera desde los Urales a Gibraltar, un espacio histórico y civilizatorio común, y no solo como alianza política.

Esta visión reaparece tras la Guerra Fría, como la mejor posibilidad para crear un sistema Paneuropeo integrando Rusia en un orden cooperativo mas amplio. Moscú por su parte, también expuso algunas ideas al respecto. Hace años propuso la creación de una arquitectura única o indivisible que abarcara desde los Urales al Atlántico, con la idea explícita de sustituir al sistema euroatlántico deminado por los EE UU y limitar la influencia de la OTAN.

La desconfianza de Europa a esta propuesta radica en el hecho de que mientras Rusia presenta las ideas como inclusivas, y usa el término de "seguridad indivisible",  pues invade países como Ucrania, ejerce la coerción energétia sobre Europa, y sobrevuela con drones nuestro espacio aéreo practicando la guerra híbrida.

Ni que decir tiene, que para hacer posible sacar adelante esta opción, lo primero que tendría que hacer Rusia si quiere participar de ella, es cesar la agresión y llegar a un acuerdo de paz estable con ella, y a poder ser sin la mediación de los EE UU. Los problemas de casa se resuelven en casa.

Haría falta además un cambio profundo en las políticas de Interior y exterior Rusa con respecto a Europa, renunciando a su esfera de influencia, respetando la sobreranía de los países europeos, y democratizando el país. También sería necesario renovar el marco institucional: la OSCE, o creando un marco nuevo que la sustituyera.

Pero Europa también tendría que reorientarse. Hoy la política europea está dirigida a el mantenimiento de una Europa fortaleza (OTAN/UE) y una Rusia volcada hacia Asia, con órdenes de seguridad separados, compitiendo entre si, y a veces enfrentados en guerras.

Como horizonte histórico, si Rusia cambiara de rumbo y hubiera un nuevo horizonte paneuropeo, la idea "Atlántico-Urales" podría reactivarse, y tanto Europa como Rusia ganarían en seguridad,  y una Rusia unida a Europa si podrían enfrentarse unidas tanto al liderazgo de los EE UU como al de China, y unidos extender su influencia, la Europea, por los otros continentes.

Una hipotética unión o alianza estratégica profunda entre una Europa unida y Rusia crearía un bloque geopolítico sin precedentes, que probablemente ostentaría el
liderazgo global absoluto en las siguientes áreas:

1. Seguridad Energética y Recursos Naturales

  • Autosuficiencia Total: La combinación del capital tecnológico europeo y las reservas rusas crearía el mayor mercado energético del mundo. Rusia posee las mayores reservas de gas natural del planeta, además de ser un productor líder de petróleo, carbón y uranio.
  • Minerales Críticos: El bloque controlaría depósitos masivos de níquel, aluminio, cobre, platino y tierras raras, esenciales para la transición ecológica y la industria tecnológica.
2. Poderío Militar y Disuasión Nuclear
  • Hegemonía Nuclear: La suma de los arsenales de Francia y Rusia superaría con creces a cualquier otra potencia (incluyendo a EE. UU.), convirtiendo al bloque en la fuerza de disuasión definitiva.
  • Capacidad Convencional: Se unirían los avanzados sistemas de defensa aérea rusos (como el S-500) con la tecnología de aviación y blindados de última generación de la UE.
3. Territorio y Logística (Eurasia)
  • Continuidad Geográfica: Se formaría una unidad territorial desde el Atlántico hasta el Pacífico (de Vladivostok a Lisboa), permitiendo el control total de las rutas comerciales terrestres entre China y Europa.
  • Dominio Ártico: El bloque lideraría la explotación y seguridad de las nuevas rutas marítimas del Ártico, un área estratégica clave para el comercio del siglo XXI.
4. Economía y Mercado Único
  • PIB y Mercado: Europa ya tiene un PIB de casi 18 billones de euros. Con Rusia, el bloque sumaría un mercado de consumo masivo y una base industrial pesada, posicionándose por encima de China o EE. UU. en comercio de bienes manufacturados.
  • Soberanía Tecnológica: La unión permitiría a Europa dejar de depender de terceros países para el suministro de materias primas críticas, facilitando su liderazgo en innovación y digitalización.

Estos son los datos, pero los hechos van por otro lado. La UE está ejecutando el plan REPowerEU para eliminar gradualmente su dependencia de Rusia y ha implementado regulaciones para reducir las importaciones de gas ruso a partir de enero de 2026.

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