La aceleración del crecimiento global y la prosperidad ¿son compatibles con el desarrollo sostenible?
Desarrollo Sostenible
¿Puede el crecimiento económico ser susceptible de satisfacer necesidades de nuestras sociedades en términos de bienestar a corto, medio y largo plazo?
Por L. Domenech
Según Juan Pérez Ventura, en la ciencia económica clásica y neoclásica, el desarrollo es considerado básica y exclusivamente como sinónimo de crecimiento económico, y el indicador del desarrollo de un país es el Producto Interior Bruto (PIB), especialmente el PIB per cápita. Pero el PIB no es un indicador de calidad de vida o bienestar, tan solo de la acumulación y consumo material, dado que no tiene en cuenta ni la distribución de la riqueza, ni las “externalidades” sociales y medioambientales, como la contaminación, la erosión y pérdida de suelos, las desigualdades sociales generadas, ni la inequidad de género.
El desarrollo sostenible expresa dos ideas muy claras: el uso racional de los recursos naturales y la protección del ecosistema mundial en las figuras de los ciudadanos (respeto al medio, cambio de hábitos), ciencia (conocimientos y soluciones) y poderes públicos (legislación y cooperación con otros países), y se articula entorno a tres variables:
1. Gestión de recursos (conservación y calidad de los suelos, control y calidad del aire)
2. Gestión de la movilidad (ordenación física, gestión del tráfico)
3. Producción y servicios (gestión de residuos industriales, contabilidad ecológica)
Los planteamientos desarrollistas favorables a este modelo de crecimiento progresivo se fundamentan en una serie de postulados que desde las instituciones económicas como el Banco Mundial, el FMI o Banco Central Europeo, entre otras, a los que hay que sumarle el poder político, dogmas que se transmiten a la población. Entre éstos destacan los siguientes:
- El incremento de la productividad es indispensable para el crecimiento económico.
- El crecimiento económico sólo es posible a través de la expansión del mercado, y la globalización lo está facilitando.
- El crecimiento económico permite que la población disponga de mayores recursos personales, y al aumentar la demanda de bienes y servicios crece el consumo, lo que produce una actividad económica expansiva.
- El crecimiento económico conduce al progreso colectivo.
- El progreso incrementa los niveles de seguridad y bienestar de la población, que consigue mejorar su nivel de vida.
Por qué ahora se “necesita” crecimiento
- Los estados de bienestar, los sistemas de pensiones y la sanidad, y el servicio de deudas públicas están diseñados sobre la expectativa de que el pastel económico crece, lo que permite distribuir más sin que nadie pierda en términos absolutos.
- En los países pobres, crecer sigue siendo casi sinónimo de reducir pobreza, financiar educación y salud y mejorar infraestructuras básicas; sin crecimiento, la lucha distributiva es mucho más dura y la movilidad social más limitada.
- En una economía globalizada, el estancamiento en regiones grandes se transmite por comercio, finanzas y migraciones, generando inestabilidad política y social más allá de las fronteras nacionales
- Las sociedades actuales dan por sentado el disponer de niveles altos de consumo, servicios públicos y seguridad; mantenerlos sin crecimiento exigiría cambios muy fuertes en impuestos, redistribución y normas de propiedad que los sistemas políticos tienden a evitar.
“El crecimiento no es compatible con un medioambiente sostenible, pero el decrecimiento es socialmente inestable”.
Tim Jackson
¿Hay límites para la aceleración del crecimiento?
Por supuesto que hay límites, y estos deberían de ser considerados como lineas rojas que nunca se deberían cruzar.
- El modelo de “acelerar el crecimiento” se enfrenta a límites biofísicos (clima, biodiversidad, materiales), y surge la idea de desarrollo sostenible: crecer, pero desacoplando lo máximo posible el PIB de la presión ambiental.
- Las corrientes de decrecimiento sostienen que pretender crecimiento infinito en un planeta finito es una contradicción, y proponen reducir producción y consumo en países ricos, priorizando bienestar, tiempo libre y servicios públicos sobre el aumento del PIB.
- Este cuestionamiento del crecimiento es correcto en un sentido: la humanidad puede vivir sin crecimiento acelerado, pero eso implicaría aceptar niveles de consumo, servicios y desigualdad más parecidos a épocas preindustriales.
- El dilema de hoy no es tanto “crecimiento sí o no”, sino qué tipo de crecimiento es el deseable, para quién, en qué sectores (salud, educación, renovables vs. combustibles fósiles, armamento, etc.) y con qué reglas distributivas y ecológicas.
Giorgios Kallis señala que "el desarrollo sostenible y su reencarnación más reciente, el crecimiento verde, prometen la imposible hazaña de continuar el crecimiento económico sin dañar el medioambiente. Los defensores del decrecimiento, a diferencia, no pretenden apostar por un desarrollo mejor ni más verde, sino idear y aplicar una visión alternativa al desarrollo moderno basada en el límite al crecimiento, y plantea cinco argumentos a favor del decrecimiento:
1. El decrecimiento es subversivo, ya que el crecimiento tiene más coste social que beneficios, como documentó Herman Daly, y es actualmente anti-económico y además nos acerca al desastre climático como muestran Kevin Anderson y Naomi Klein.
2. Menos de lo malo + más de lo bueno = Decrecimiento. La segunda crítica contra el decrecimiento afirma que lo malo no es el crecimiento en sí, sino el mal crecimiento económico actual. El cuidado medioambiental, las energías renovables y los alimentos orgánicos necesitarán crecer en una Gran Transición; “necesitamos menos de lo ‘malo’… y más de lo ‘bueno’, piensan quienes prefieren decrecer.
3. Superar el PIB equivale a superar el crecimiento. La tercera crítica al decrecimiento es que el problema no es el crecimiento sino el PIB. Si pudiéramos medir solo los bienes que ofrece una economía, como los masajes, y descontar los perjudiciales, como los vertidos de aceite, entonces no habría razón para no querer crecer.
4. Tenemos que disminuir “nuestro” crecimiento, pero no para que “ellos” crezcan. A menudo se argumenta que el decrecimiento es irrelevante, incluso insultante, para la mayor parte del mundo que permanece en la pobreza. El argumento es que mientras “nosotros los ricos” podríamos tener decrecimiento, “ellos los pobres, todavía quieren y necesitan crecer. Las comparaciones de posición llevan a perseguir y perpetuar el crecimiento, y las crisis económicas, cuando los estándares de vida decaen repentinamente y la inseguridad se intensifica, son los momentos en los que la búsqueda de crecimiento resurge con más fuerza. Nunca será un buen momento para decrecer.
5. Dejar el crecimiento atrás es dejar el capitalismo atrás. El capitalismo es el conjunto de instituciones de propiedad, financieras y comerciales que crean competencia insaciable, y fuerzan de ese modo a las compañías a crecer o perecer. El exceso que esta dinámica genera, se invierte constantemente en más crecimiento. Una sociedad sin crecimiento puede seguir teniendo mercados, propiedad privada o dinero. Pero como sostienen Edward y Robert Skidelsky, un sistema económico que no crece y en el que el capital deja de acumularse, deja de ser capitalismo, lo quieran llamar como lo quieran llamar. Las instituciones de propiedad, crédito o empleo tendrían que reconfigurarse de forma radical para que el sistema fuera estable aun sin crecimiento. Tales reformas radicales incluyen propuestas como la asignación de un salario básico por ciudadano o el control público del dinero".
Giorgios Kallis concluye citando a Tim Jackson que “El crecimiento no es compatible con un medioambiente sostenible, pero el decrecimiento es socialmente inestable”. Hay quien piensa que la solución nos la dará el avance tecnológico, y los adeptos a este paraíso tecnológico a menudo hacen referencia a innovaciones como casas inteligentes, hidroponía, robótica, la energía de fusión los superordenadores y ahora la inteligencia artificial como la panacea que nos va a librar del desastre, pero para Kallis “este futuro es insostenible, innecesario e indeseable, porque las soluciones tecnológicas suponen un coste para otros, para el medioambiente y para las generaciones futuras, a una escala aún mayor. El cambio climático es el legado de nuestros logros tecnológicos pasados”.




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