¿Es bueno el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur?, ¿Y lo es para España?

 Comercio

 Por L. Domenech

Llevan décadas negociando los países de Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) con los 27 de la Unión Europea para alcanzar un Acuerdo de Libre Comercio UE-Mercosur que tiene como objetivo facilitar el movimiento de mercancías entre la Unión Europea y las cuatro economías del Mercado Común del Sur mediante la abolición de alrededor del 90 por ciento de los aranceles actuales. Según la UE, esto crearía una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con más de 780 millones de personas.

Este acuerdo tendrá efectos positivos en la economía a ambos lados del Atlántico, y Europa también espera fortalecer por esta vía su propia posición geopolítica, debilitada especialmente en estos tiempos de crecientes tensiones políticas y arancelarias con Estados Unidos. "Donald Trump quiere apoderarse de Groenlandia, ¿y qué hace Europa? Está incorporando a Latinoamérica, el continente que Trump considera su patio trasero y al que trata como tal en un nuevo acto de ese multi-lateralismo que Trump tanto odia. Lo que ayer era solo un acuerdo económico, hoy lo vemos como un paso hacia adelante de un inmenso peso geopolítico que está en las antípodas de la política norteamericana de "America First". 

Es por tanto este el mejor momento  para firmar el acuerdo entre Mercosur y la UE. Ante los ojos del mundo se verá que Europa prefiere seguir colaborando con todos en el desarrollo sostenible global, que somos un socio fiable que prefiere la cooperación, aunque ello requiera de mucho tiempo de negociación y enormes esfuerzos en las cesiones para llegar a acuerdos.

Para sacar adelante el acuerdo en la Unión Europea, era necesaria la aprobación de al menos 15 estados miembros, que juntos representaran al menos el 65 por ciento de la población total, puesto que se requiere de una de mayoría cualificada, que se alcanzó gracias a la incorporación de Italia, que se resistía al acuerdo en un principio por la presión de su lobby agrícola. A finales de diciembre, la firma del acuerdo se había pospuesto debido a las preocupaciones del gobierno de Giorgia Meloni, que se superaron una vez que Bruselas ha acordado concesiones adicionales a los agricultores, como una liberación anticipada de subvenciones por un valor de unos 45.000 millones de euros.

También se ha ajustado el mecanismo de salvaguarda con el que se puede dejar en suspenso el acuerdo: las importaciones pueden ser suspendidas si los precios de los productos agrícolas europeos caen más de un 5%, o si las importaciones de América Latina aumentan en la misma proporción. Originalmente, este umbral estaba previsto que se situara en el 8 por ciento. Tanto el Parlamento Europeo como el gobierno italiano habían exigido este cambio.

Finalmente, de los 27 estados miembros, 21 votaron a favor del acuerdo de libre comercio a principios de enero de 2026: Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda estaban en contra, mientras que Bélgica se abstuvo. Francia se opone porque no se le pudo convencer con esta concesión, y el gobierno del mayor productor agrícola de la UE se mantuvo firme en su negativa. 

También se oponen al acuerdo las organizaciones medioambientales y las asociaciones agrícolas en Europa, que siguen protestando contra este. Organizaciones como Greenpeace o la Red de Acción Climática, advierten que el acuerdo de libre comercio acelerará la destrucción de la selva tropical para la producción de carne de vacuno y soja. Los agricultores europeos temen una competencia desleal de productos sudamericanos baratos fabricados bajo estándares medioambientales y laborales menos estrictos, mientras que los grupos indígenas también protestan contra el acuerdo, por ejemplo en Brasil por el secuestro de sus tierras. 

La mas beneficiada de este acuerdo sería la industria europea, que tendría un mejor acceso a los mercados sudamericanos, lo que podría amortiguar el impacto de los aranceles estadounidenses impuestos por Donald Trump a Europa. Actualmente, por ejemplo, se aplican aranceles de hasta el 35 por ciento a los coches europeos en América Latina. Los fabricantes europeos de maquinaria, productos químicos y farmacéuticos también podrían beneficiarse, según Alemania Trade & Invest (GTAI). Por otro lado, las materias primas de los estados del Mercosur se podrán importar más fácilmente desde la UE, lo que supone una alternativa a los suministros procedentes de China. 

Este acuerdo de libre comercio pretende formar parte de un acuerdo de asociación más amplio que también incluya una cooperación política más fuerte con los estados del Mercosur, pero esto solo puede decidirse con el consentimiento de todos los estados miembros de la UE. El acuerdo de libre comercio entra dentro de las competencias exclusivas de la UE, y por tanto no requiere ratificación individual por parte de los Estados miembros. Los críticos ven esto como una artimaña para eludir la ratificación por parte de los parlamentos nacionales de una cuestión política y no puramente comercial que afecta de manera diferente a cada país miembro.

Y que pasa con España... 

Desde España, el Gobierno ha apoyado políticamente el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur que lo presenta como una oportunidad estratégica y “extraordinaria” para la economía y las empresas españolas. En cambio, las principales organizaciones del sector primario (agrícola y ganadero) se posicionan mayoritariamente en contra, alertando de un fuerte riesgo para la rentabilidad y viabilidad de muchas explotaciones, y lo perciben además como una competencia desleal, pues creen que la agricultura se usa como “moneda de cambio” a favor de otros sectores industriales y geopolíticos.

La parte mas perjudicada sería el sector primario del campo. En lo que a la ganadería se refiere, la carne de vacuno podrá importarse en el futuro a un tipo arancelario reducido, pero solo en cupos limitados para proteger a los ganaderos europeos. Aún así, los precios mas bajos de la carne procedente de estos países afectarán duramente al sector ganadero. Por su parte, los productos agrícolas como el azúcar y el café podrían abaratarse para los consumidores europeos, pero las importaciones se suspenderían si los precios cayeran demasiado. Los agricultores y ganaderos europeos entienden que:

Hay desigualdad en las condiciones de producción

  • Los productores del Mercosur tienen costes de producción mucho más bajos (tierra, mano de obra, insumos) y podrían vender por debajo de los costes de producción de muchas explotaciones europeas. 
  • Denuncian que la UE les exige normas ambientales, de bienestar animal, fitosanitarias y laborales mucho más estrictas que las que rigen en Brasil, Argentina, Paraguay o Uruguay, sin imponer “cláusulas espejo” equivalentes a las importaciones. 

Hay riesgo para los precios y la rentabilidad de las explotaciones

  • La eliminación o reducción fuerte de aranceles abre la puerta a una entrada masiva de carne, arroz, azúcar, miel, soja y otros productos agroalimentarios sudamericanos, presionando a la baja los precios internos en la UE. 
  • Organizaciones agrarias españolas como ASAJA, COAG, UPA y cooperativas alertan de que miles de explotaciones familiares podrían cerrar al no poder competir en precios, sobre todo en sectores sensibles como vacuno, porcino, arroz, azúcar o cítricos. 

Hay cuestiones ambientales y sanitarias que no se han tenido en cuenta

  • Se teme que el acuerdo incentive la expansión de prácticas insostenibles, como la deforestación en la Amazonia para ampliar la frontera agrícola, lo que chocaría con los objetivos climáticos y la PAC verde de la UE. 
  • También se cuestiona el menor control sobre uso de pesticidas, trazabilidad y seguridad alimentaria en parte de la producción de Mercosur, lo que generaría un “dumping ambiental y sanitario” frente a las exigencias europeas. 

Supone un fuerte impacto social y territorial

  • Las organizaciones agrarias advierten de un impacto fuerte en el empleo rural y en el mantenimiento del tejido económico y social del medio rural europeo, especialmente en zonas ya vulnerables. 
  • Sostienen que el acuerdo beneficia sobre todo a la industria exportadora europea (automoción, maquinaria, servicios), mientras el campo queda desprotegido y favorece el vaciamiento del medio rural en nuestro país, lo que alimenta protestas y tractoradas en nuestro país y en los países de la UE.

En definitiva, no hay acuerdo que sea bueno para todos por igual, pues unos se beneficiarán y a otros les perjudicará, pero haciendo balance, si se puede decir que el acuerdo es bueno en términos generales para la UE y para Mercosur al favorecer el libre comercio entre los dos mercados, una vez entre el Acuerdo en vigor, tras la aprobación del Parlamento Europeo, que votará sobre la cuestión en los próximos meses, por lo que todavía podría suceder que este descarrile.


 

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